La designación de Mojtaba Jamenei como nuevo líder supremo de Irán profundizó el control de las fuerzas más conservadoras y el avance de la Guardia Revolucionaria (CGRI) en el poder político y militar del gobierno de los ayatollah en plena guerra de Medio Oriente.
El mensaje es claro: el “régimen teocrático” se endurece aún más en abierto desafío a los Estados Unidos e Israel y deja una clara advertencia a cualquier atisbo de protesta popular.
“Todo apunta a que la Guardia Revolucionaria ejerce el poder político y militar. El presidente Masoud Pezeshkian quedó relegado a figura simbólica», dijo a TN el analista internacional Federico Gaón, especializado en temas de Medio Oriente.
Según el experto, “Mojtaba Jamenei ejercía de enlace entre la oficina del ayatollah y el CGRI desde antes de la muerte de su padre”, Ali Jamenei, asesinado el 28 de febrero en el inicio de la guerra.
“Con Mojtaba al mando, la Guardia Revolucionaria quiere mostrar unidad y cerrar filas en pos de preservar la supervivencia del régimen”, advirtió.
La Guardia Revolucionaria acumula poder
La Guardia Revolucionaria, también conocida como Pasadarán, fue creada tras el triunfo de la Revolución Islámica en 1979. Su objetivo principal es salvaguardar el gobierno de amenazas internas y externas.
Se estima que cuenta con 150.000 efectivos entre fuerzas terrestres, navales y aéreas. Bajo su mando está la milicia voluntaria conocida como Basiji, utilizada para contener protestas y a la oposición. Además, tiene a su cargo a la fuerza Quds, el cuerpo de elite encargado de las operaciones en el exterior y nexo con los grupos proxy proiraníes como Hezbollah, Hamas o los hutíes yemeníes.


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