Después de sobrevolar la Luna y pasar por su lado oscuro, la nave Orion de la misión Artemis II ya está de regreso. En total, cuando el vehículo se aproxime a la Tierra, la tripulación habrá pasado 10 días en el espacio. Sin embargo, a los cuatro astronautas a bordo todavía les falta afrontar la parte más exigente del viaje: el reingreso a la atmósfera terrestre.
Para lograr un regreso exitoso, la nave alcanzará una velocidad extrema, atravesará plasma, perderá comunicación de forma temporal y dependerá de una secuencia muy precisa de separación, orientación, frenado atmosférico y despliegue de paracaídas. Así, la misión habrá probado que la NASA puede enviar humanos a la Luna y traerlos de manera segura a nuestro planeta.
El ángulo de reingreso y la maniobra clave de la misión
En la documentación técnica de Orion, el regreso desde el entorno lunar se diseña para entrar en la atmósfera con un ángulo de trayectoria de alrededor de -5,8° respecto del horizonte, dentro de un corredor muy estrecho.
Ese margen es crítico porque, si la cápsula entra demasiado plana, puede “rebotar” o saltar parcialmente en la atmósfera y alargar o descontrolar el descenso. pero si entra demasiado empinada, aumentan las cargas térmicas y mecánicas sobre la nave y la tripulación.
En estudios técnicos de NASA sobre Orion se remarca justamente que, a velocidades de retorno lunar, la tolerancia del ángulo de entrada es muy pequeña por los límites del escudo térmico.


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